Esta es una traducción de un estudio publicado por la Universidad de Glasgow el 10 de Noviembre de 2025 https://www.gla.ac.uk/news/headline_1224102_en.html
El estudio, presentado en las Sesiones Científicas Anuales 2025 de la Asociación Americana del Corazón (AHA) y publicado simultáneamente en JAMA Network, incluyó a más de 230 personas previamente diagnosticadas con COVID-19, ya fuera en un entorno sanitario comunitario o en el hospital. Los participantes del ensayo fueron asignados aleatoriamente a uno de los dos grupos del estudio: uno que incluía entrenamiento de resistencia como parte de su atención sanitaria continua, y otro que no.
Los investigadores evaluaron a cada participante al inicio del estudio mediante una prueba de marcha (shuttle walk test), y de nuevo a los tres meses utilizando los mismos criterios. Tras ese periodo, quienes formaron parte del grupo de entrenamiento de resistencia lograron caminar una distancia notablemente mayor que aquellos que solo recibieron la atención sanitaria estándar.

Además, los investigadores evaluaron el impacto más amplio del entrenamiento de resistencia en la salud física y mental. Los resultados confirmaron que los participantes del grupo de ejercicio obtuvieron beneficios adicionales, incluyendo una mayor fuerza de agarre tras los tres meses. Estos mismos participantes también reportaron una mejor calidad de vida, manifestando menores niveles de ansiedad y depresión.
El impacto del COVID persistente (long covid) ha sido ampliamente estudiado desde el inicio de la pandemia. Esta afección, que ocurre cuando los síntomas de la infección original duran más de 12 semanas, conlleva diversos problemas de salud asociados como fatiga, dificultad respiratoria y niebla mental, entre otros.
El profesor Colin Berry, investigador principal del estudio CISCO y profesor de Cardiología e Imagen en la Universidad de Glasgow, afirmó: «Nuestro estudio demuestra los beneficios del entrenamiento de resistencia en la recuperación del COVID-19, y sugiere que las personas afectadas por síntomas persistentes tras la enfermedad podrían beneficiarse al adoptar este tipo de ejercicio».
«Desde 2020, investigaciones de nuestro grupo y de otros han demostrado que, para algunas personas, el COVID persistente puede tener un impacto significativo en su calidad de vida, tanto en la salud mental como física. Nuestros resultados son otro paso alentador que se suma a nuestra comprensión colectiva sobre cómo tratar mejor esta condición».
A los participantes del estudio se les asignaron tres categorías de ejercicio, con pautas adaptadas a cada individuo según su bienestar general y capacidad. Inicialmente, a los pacientes encamados se les pidió realizar ejercicios tumbados, mientras que a los participantes en recuperación se les asignaron ejercicios sentados o de pie, según su estado. Se solicitó a todos los participantes realizar primero ejercicios de la parte superior del cuerpo, incorporando los de la parte inferior recién en la tercera semana.
Stuart Gray, profesor de Salud Muscular y Metabólica en la Universidad de Glasgow y responsable del diseño de la intervención, señaló: «Los ejercicios fueron diseñados para ser seguros, sencillos y fáciles de realizar donde y cuando fuera más conveniente para el participante, lo que significa que es algo que puede implementarse fácilmente en la comunidad de personas con COVID persistente. Por tanto, es sumamente emocionante ver que esta intervención pragmática fue eficaz para mejorar la función física, la salud mental y la calidad de vida».
Jesse Dawson, profesor de Medicina del Ictus en la Universidad de Glasgow y director de Investigación e Innovación del NHS de Greater Glasgow y Clyde, comentó: «El NHSGGC está encantado de haber colaborado con la Universidad de Glasgow y otros colaboradores en este estudio. Es emocionante que esta intervención de entrenamiento de resistencia, que podría implementarse de forma masiva, mejorara las medidas físicas y también la ansiedad y la calidad de vida. Muchas felicidades al equipo del estudio y gracias a todos los participantes».
Esta última investigación forma parte del estudio más amplio CISCO (Cardiac Imaging in SARS Coronavirus disease), financiado en mayo de 2020 por la Oficina del Científico Jefe del Gobierno de Escocia como parte de una Respuesta Rápida de Investigación destinada a aumentar el conocimiento sobre la pandemia. El estudio CISCO realizó un seguimiento en tiempo real de pacientes tras su hospitalización por COVID-19 y comparó su salud con la de un grupo de control de individuos de edad, sexo y antecedentes médicos similares.
El estudio, titulado “Resistance Exercise Therapy After COVID-19 Infection: a Randomized, Controlled Trial”, está publicado en JAMA Network. La investigación fue financiada por la Oficina del Científico Jefe del Gobierno de Escocia y la Fundación Británica del Corazón.
